Fotos de mi exposición / Pictures of my exhibition

Reflejos
Instalación / espejo, aluminio / 600 x 300cm / 2012

“Lo que percibimos cotidianamente, dentro y fuera de nuestro entorno social, son fragmentos compartimentados, delimitados a través de informaciones, eventos, espacios, mundos… con los que intentamos construir o reconstruir nuestra identidad, forma de pensar y de sentir la vida”


Wartimes
instalación / vidrio, acero inoxidable, componentes de la pólvora (nitrato de potasio, carbón y azufre) / 2012

Reflexiona sobre los tiempos de paz y guerra y la fragilidad de la línea que los conecta. Cada reloj contiene uno de los componentes de la pólvora. El paso del tiempo se convierte en un acontecimiento con la potencialidad de estallar en cualquier momento.

Needles Attack
Serie dibujos / Alfileres, tela / 46 x 55 cm / 2012

Hedgehog
objeto / cuero sintético, alfileres / 2012

En la Grecia Antigua, el erizo era símbolo de la reecarnación y la conexión a Ishtar, la diosa babilónica de la guerra y el amor.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Despertar/Knock up
vídeo 13 min / 2012

raymaluz art gallery
29/03-12/05 de 2012
San Lorenzo 3
28004
Madrid

Fuego amigo

La división entre “amigo” y “enemigo” no es en ningún caso un reconocimiento de una diferencia objetiva. El enemigo es siempre, por definición (y hasta cierto punto), invisible: no puede ser reconocido directamente porque se parece a nosotros, razón por la cual el mayor problema y la principal tarea de la lucha política es el de proveer y construir una imagen del enemigo que podamos reconocer…

¿Estamos en guerra? ¿Tenemos un enemigo?, Slavoj Zizek.

… sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.

Edvard Munch.

Estamos en guerra, todos contra todos, todos contra uno, y viceversa. Estamos en guerra, uno contra uno, uno contra sí mismo, uno contra nada. Nos hemos acostumbrado a observar, casi con indiferencia, imágenes de una crudeza que deviene obscena, imágenes a través de las cuales se narra que vivimos en una “realidad” dura, conflictiva, injusta. Pero la mayor parte de las veces, esa brutalidad y sus efectos apenas nos tocan de cerca, constituyen un relato sobre un lugar muy, muy, muy lejano. Incluso, cuando lo que vemos posee una apariencia demasiado escandalosa para nuestra sensibilidad, giramos la cabeza, miramos hacia otro lado o entrecerramos los ojos en un intento de distorsionar la imagen, de borrar su definición. Un refrán dice: “ojos que no ven, corazón que no siente”. No obstante, estamos en guerra, seguimos en guerra, vivimos perennemente en guerra. Ese es el paisaje de nuestra hiperrealidad.

Heidi García reconoce que habita este mundo de apariencias y manipulación, por ello su investigación artística le conduce a la construcción de objetos que son iguales de tramposos, cuya envoltura esteticista deviene una coartada para la metáfora cínica, les convierte en artefactos ilusionantes: la belleza porta el signo del desencanto. Desde sus primeros trabajos, cuando pertenecía al Departamento de Intervenciones Públicas (DIP) en el Instituto Superior de Arte (ISA), en La Habana, su poética se ha situado en ese margen difuso, incómodo o complejo que constituye la intersección entre lo público y lo privado. De ello dan cuenta propuestas como El Diario (La Habana, 2002) -la edición y puesta en circulación en la esfera pública de un periódico realizado a partir del contenido del diario íntimo de la artista- o Baño público (8va Bienal de La Habana, 2003) –la construcción y puesta en funcionamiento en la  calle, durante los carnavales de La Habana, de un baño portátil cuyas paredes exteriores eran espejos que reflejaban el paisaje urbano; mientras el interior transparente daba al usuario una sensación de exhibición pública de su propio cuerpo durante un acto en esencia privado-. Más recientemente, la serie Analogías cotidianas (2007), que activa la capacidad significante de cosas domésticas –unas maquinillas de afeitar que recrean posturas sexuales, unas lámparas convertidas en pendientes, etc.-, mostraría el interés de la creadora por la producción de formas y objetos de marcada simplicidad que posicionan sus fotografías e instalaciones escultóricas en un registro conceptual ambivalente. Aquí la paradoja emerge de la tensión de fuerzas opuestas entre apariencia y significado:

… en la seducción es de alguna manera lo manifiesto, el discurso en lo que tiene de más «superficial», lo que se vuelve contra el imperativo profundo (consciente o inconsciente) para anularlo y substituirlo por el encanto y la trampa de las apariencias. Apariencias en absoluto frívolas, sino lugar de un juego y de un estar en juego, de una pasión de desviar –seducir los mismos signos es más importante que la emergencia de cualquier verdad- que la interpretación desdeña y destruye con su búsqueda de un sentido oculto…[i]

Alto al fuego es quizás el preámbulo de una etapa de madurez artística, pero también de madurez política y personal, donde Heidi García es consciente de su responsabilidad como ciudadana y como espectadora; además de su responsabilidad en tanto productora de imágenes en un mundo en el que la representación conduce irremisiblemente la mirada hacia un escenario sin treguas, donde la vida deviene en experiencia de confrontación y espectáculo. Cada una de las obras de esta primera exposición personal de la artista en España, donde se incluyen instalaciones, vídeo y dibujos, destila una violencia seductora, podríamos decir que una violencia “minimalista”. Los recursos plásticos que se despliegan en la construcción de las piezas reunidas en esta muestra acusan síntesis, se despojan de lo accesorio para interpelar al público de forma directa, sin titubeos ni escarceos retóricos.

Somos nuestros propios enemigos, nos enfrentamos a nosotros mismos, producimos la imagen de nuestra ilusión cuando tratamos de recomponer nuestra unidad frente a un espejo. No nos conocemos ni a nosotros mismos, habitamos fragmentados, caóticos. Cada instante constituye un potencial estallido, la ruptura de una unidad que es apenas una quimera especular. A cada momento hay que recomponer el puzzle de una identidad que nunca ha existido. Entonces, sin arrepentimiento ni falsos moralismos, entendemos que somos nosotros mismos el enemigo, nuestro enemigo. Reflejos (2012) nos sitúa en la línea de fuego, a la espera del impacto. Fuego amigo.

Ya conscientes de ese juego que reside en la percepción, Heidi insiste en advertirnos de este espacio manipulado. La idea original de Despertar (2012) era una instalación site specific a través de la cual se llamaría la atención sobre las transformaciones en el espacio de la galería a partir de la incidencia de la luz solar en la sala de exposiciones. Sin embargo, supeditar la obra al azar, a la “realidad” misma, implicaría la distracción de los sentidos, el destino incierto de los instantes visuales en que acontece el efecto de la luz y la sombra. Por el contrario,  la artista ha preferido acotar el fenómeno físico por medio de su documentación en vídeo y jugar con nuestra percepción acelerando la temporalidad del registro en la edición. Con la elipsis del tiempo real en el vídeo, seremos testigos del cambio en el espacio; y aunque reconozcamos la virtualidad del hecho óptico, posiblemente no podamos evitar el placer que nos provoca el trompe l’oeil.

Wartimes (2012) es, tal vez, la obra que mejor condensa el espíritu de esta muestra, una reflexión sobre la soterrada latencia de la tragedia y nuestra potencial complicidad. Quién puede elegir, cómo y cuándo. Tres relojes. En cada uno de ellos se ha sustituido la arena por un elemento diferente, cada uno separado, inocuos en su aislamiento de cristal. Nitrato de potasio, azufre y carbón, los componentes químicos de la pólvora. Habitamos un mundo colonizado bajo el monopolio del terror, como explica Noam Chomski, éste es “el arma de los ricos”[ii], la mejor estrategia del neoliberalismo. Fuego amigo.

Por su parte, Needle Attack (2012) es una serie de obras hechas con alfileres sobre tela, una técnica con la que la artista viene experimentando hace un tiempo. En este caso, compone figuras de aviones de combate, una metáfora precisa sobre la virtualidad del enfrentamiento, que ya no ocurre cara a cara, cuerpo a cuerpo. La guerra existe a través de las pantallas. El “enemigo” no es más que un punto en un radar, un objetivo fuera del rango visual del piloto. La violencia se expande silenciosamente sin que podamos anticiparnos a ella. La violencia es una imagen que percibimos en las pantallas, en el Occidente desarrollado es un signo distintivo de la hiperrealidad. Se halla en un lugar más allá de nuestro alcance, no encarna un riesgo físico, es la forma construida, el relato del miedo. Cada día acontece cuando pulsamos el ON y termina cuando hastiados apretamos el OFF, para volver a suceder a la mañana siguiente. Posiblemente es hoy el espectáculo de mayor audiencia y tiene lugar en nuestras pantallas. La guerra es una imagen, la síntesis extrema del desacuerdo cotidiano. Si decidiéramos no conectarnos, desaparecería. El enemigo somos todos, sospechamos de todos, no tiene rostro definido en medio de la multitud. Da igual si es alguien que se niega a consumir y por tanto personifica la resistencia a la ideología de un mundo globalizado; da igual si está acampando y protesta en una plaza pública, da igual el porqué simboliza la diferencia. Al final, para la gran mayoría es apenas la señal de una emisión que importa poco si es “realidad” o ficción, porque esas ya no son categorías válidas para comprender nuestra experiencia del mundo.

Efecto prismático de la seducción. Otro espacio de refracción. No consiste en la apariencia simple, en la ausencia pura, sino en un eclipse de la presencia. Su única estrategia es  estar/no estar ahí, y asegurar así una especie de intermitencia, de dispositivo hipnótico que cristaliza la atención fuera de todo efecto de sentido…[iii]

Sin embargo, ficción o “realidad”, lo cierto es que el espectáculo ocurre, somos sus destinatarios y éste termina por modular nuestra conducta. Un enunciado subyacente en la exposición podría relacionar las obras incluidas aquí con diversas acepciones de un discurso mítico que transita desde las narraciones mitológicas grecorromanas hasta la tradición oral europea. Para finalizar esta aproximación breve a la obra de Heidi García, no sin cierta ironía, podríamos apropiarnos del pasaje de un cuento popular en versión de los hermanos Grimm, La Bella Durmiente. Recordemos el fragmento en que por los ardides del hada mala, la protagonista, recién llegada a la mayoría de edad, el momento de ejercer su responsabilidad civil, se pincha con una aguja y cae en un profundo letargo; y con ella, también duermen todos los ciudadanos del reino durante cien años. Duermen y sueñan a la espera de que alguien los rescate de su embotamiento. Hedgehog (2012): ¿Qué sucedería si ese alguien o algo no llegase? ¿Qué pasaría si cuando quisiera despertar a los “durmientes” se pinchara con la aguja y se convirtiera en uno de ellos, descartados todos para la acción por otros cien años? Fuego amigo…

Suset Sánchez


[i] Baudrillard, Jean. De la seducción. Cátedra, Madrid, 2000, p. 55.

[ii] Véase Chomski, Noam. El terror como política exterior de Estados Unidos. Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2005.

[iii] Baudrillard, Jean. Op. Cit., p. 83.

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